Fuera del Tupper

Artículos · Newsletter #3

Carta abierta al presidente Pedro Alliana

“Si no lo hiciera, que Dios y la patria se lo demanden.” Lo que recibe, cómo se llegó hasta acá y lo que le pedimos.

Maxi Riva · · 11 min de lectura

Señor presidente:

Empiezo esta carta con el final del juramento que lo nombró el día de ayer, por el resto del período 2023-2028: “Si no lo hiciera, que Dios y la patria se lo demanden”.

Es una frase que hoy, más que nunca, llega cargada de un significado profundo, y aún más profundo porque viene arrastrando el ejemplo de su predecesor. A él la patria ya se lo demandó, la justicia está en proceso y con Dios eventualmente tendrá que ajustar sus cuentas.

Pedro Alliana jura como presidente de la República
Pedro Alliana jura como presidente de la República, el 6 de noviembre de 2026. Foto: Prensa del Senado de Paraguay.

I. Lo que usted recibe

¿Qué quiere decir esto para usted, señor presidente? Quiere decir que hoy está recibiendo un país golpeado, un país afligido y, por si no fuera poco, un país desconfiado. No nos engañemos: un país desconfiado que no va a ver con buenos ojos sus primeras intenciones. A todo lo que usted quiera hacer se lo va a mirar con esa desconfianza que sembró la crisis, que hoy golpea a más de 3 millones de personas, un número que representa casi la mitad de nuestra población.

Hoy, señor Pedro Alliana, está recibiendo un gobierno que usted va a tener que enmendar. Una crisis que sacudió a las altas esferas del poder, a las altas esferas de la función pública y también a las altas esferas del sector privado. Usted recibe hoy un gobierno que perdió toda credibilidad posible. Y tiene, por si fuera poco, no solo que administrar un pueblo molesto y un gobierno vilipendiado, sino también una crisis económica. Una crisis que es momento de ver, de entender, de reconocer y de aprender a través de ella.

No es fácil la tarea que le toca, pero tuvo las intenciones de ser presidente por un período completo. Creemos y estamos seguros de que hoy se encuentra a la altura del desafío. Vuelvo a mencionar: no va a ser fácil, no nos engañemos. Lo fácil es recibir un gobierno que funciona, que viene andando sobre ruedas; lo difícil es recibir un gobierno golpeado.

II. Cómo se llegó hasta acá

En estos días estuve leyendo que la crisis empezó hace cinco días y que actuamos con velocidad, porque en cinco días, en teoría, resolvimos la crisis. Eso es mentira. La crisis empezó cuando el gobierno anterior tomó la decisión de tapar y ocultar la realidad, tapar y ocultar la realidad con el único fin de erigir una bandera.

Una bandera que, de la frontera para afuera, decía: teníamos el grado de inversión, por eso éramos un lugar seguro y hasta idóneo para que los extranjeros pudiesen depositar sus inversiones, con un esquema fiscal favorable, con facilidades, con grandes proyectos. Esa bandera el gobierno anterior se encargó de llevarla a diestra y siniestra por todas partes, y con eso se esforzaron y se esmeraron en tapar, en ocultar y en engañar la situación real de la que estábamos siendo víctimas.

Mientras tanto, de la frontera hacia adentro, los papeles ya hablaban. El 26 de septiembre de 2025, en un solo día, tres empresas vinculadas al grupo dueño del banco recibieron créditos por unos 39 millones de dólares. El 8 de junio de 2026, un informe de los propios supervisores del Banco Central advertía que esos préstamos se habían dado “a sola firma” y “sin garantías reales”. Y en ese banco estaba la plata de los jubilados: el IPS tenía allí inversiones por unos 355 millones de dólares, la plata de los trabajadores.

Una situación que, quiera o no, guste o no, nunca logramos entender: qué era el grado de inversión y por qué el gobierno se iba para afuera hablando de una realidad que acá no se sentía. Porque de la frontera hacia adentro nos encontramos hace mucho tiempo con grandes incógnitas que necesitamos que sean respondidas. Grandes incógnitas que sería sano y responsable contestar.

Usted mismo lo dijo cuando todavía era vicepresidente: “Alguien tiene que explicar cómo se llegó a esto y quiénes son los responsables”.

III. El despertar de un gigante

Hoy usted tiene el gran desafío, gigante, de administrar una sociedad que cada vez más muestra señas de ese despertar que el gobierno anterior quiso posicionar a través de sus campañas de marketing de gobierno: “el despertar de un gigante”. Pero no en el sentido que ustedes o el gobierno anterior nos lo quisieron vender. Porque si hay algo que rescato de esa campaña de comunicación es que dijeron que al Paraguay lo hace grande su gente. Y si mira qué tan grande hace su gente al país, que ayer pudo tumbar a un presidente que, aunque nos duela, tenemos que admitir que tenía la pinta, la facha y el currículum para estar donde estaba. A ese le tumbamos. Y esto nos lleva a entender que la inteligencia sin sabiduría no es lo que se necesita. Porque la inteligencia es saber que el tomate es una fruta, y la sabiduría es saber que no lo puedes poner en una ensalada de frutas. Hace falta cultivar la sabiduría, hace falta decidir con criterio y con responsabilidad.

Ese es el despertar de un gigante: un pueblo históricamente castigado por la altanería, la prepotencia y la soberbia de unos pocos. El que gobierna para unos pocos termina saliendo por la puerta de atrás, y de la peor manera.

Y este no es momento de que nos pongamos a hablar de las cuestiones político-partidarias que llevan a desconfiar y a separar. Este es el momento de unir. Ayer Santiago Peña Palacios logró algo que pocos gobiernos habían logrado: unir. Por las malas, pero unir. No solo a las personas, sino al cuerpo legislativo: diputados y senadores que, motivados por distintas razones, se unieron para decidir su futuro. Lo destituyeron por unanimidad en ambas cámaras; en el Senado, 44 votos a cero. Antes, el Congreso le había rechazado la renuncia para que el camino fuera el del juicio político. De todos los logros de los que él pueda o quiera hablar el día de mañana, ese es el único que debería mencionar. El despertar de un gigante se comprobó una vez más ayer.

Gráfica del libelo acusatorio contra Santiago Peña con la leyenda “Sentencia: destitución”
La sentencia: el Senado destituye a Santiago Peña por mal desempeño, el 6 de noviembre. Gráfica: ABC Color.

No es la primera vez. Nuestro país se cayó mil veces y mil veces se levantó. En 1995 vivimos una crisis bancaria que dejó a miles sin sus ahorros, y de las lecciones de esa época salió el Fondo de Garantía de Depósitos de la Ley 2334 de 2003, la misma ley con la que hoy se intenta devolver la plata. En 1999, Raúl Cubas Grau renunció en pleno juicio político, después del Marzo Paraguayo. En 2012, Fernando Lugo fue destituido en un juicio político exprés: 76 votos contra 1 en Diputados y 39 contra 4 en el Senado. La patria ya sabe demandar.

Cartel “Juicio político al presidente Santiago Peña ¡ya!” en una valla
“Juicio político al presidente Santiago Peña ¡ya!”, en una valla del microcentro, el 3 de noviembre. Foto: El Nacional.

IV. Lo que le pedimos

Necesitamos un presidente presente. Como usted bien lo dijo: “ya se viajó mucho, momento de arreglar la casa”. También dijo, siendo vicepresidente: “Pongo en pausa mi candidatura hasta que se ponga la casa en orden”. Creo que en ese sentido estamos alineados, y su partido está alineado con la convicción política de buscar un saneamiento no solo del sistema financiero, sino también del sistema público y de la gestión de la función pública.

Paraguay hoy necesita un cambio de timón. Y ese cambio de timón tiene que ir más allá de cambiar el nombre de quien firma los decretos. Tiene que ir más allá, tiene que ir más allá de ser solo un ajuste documentario o documental. Necesitamos un presidente que ponga mano dura. Su partido tiene la intención de hacer un lavado de cara y recuperar la confianza del pueblo. El pueblo necesita estos cambios.

Hagamos un pacto. Hagamos un pacto donde nosotros les damos la chance de demostrar lo que ustedes quieren y, a cambio de esa chance, dennos el ajuste estructural que necesitamos. Y ese ajuste tiene nombre:

Siempre dije y siempre voy a decir que Paraguay tiene potencial. Me considero orgulloso y fervientemente patriota, porque nunca quise abandonar el sueño, el sueño utópico, dicen muchos, de ver un cambio.

Hoy le pido que gobierne con firmeza, que gobierne con templanza y que gobierne con justicia. Firmeza para tomar las decisiones difíciles. Templanza para no dejarse llevar por los demonios que aquejan al poder. Y justicia para efectivamente corregir los males que nos trajeron hasta acá.

El camino es corto y el camino es difícil. Normalmente se dice que la carrera política es como una maratón: no se trata de sprintar los primeros kilómetros y morir, o caminar el resto del trayecto, o incluso abandonar. Pero no. El momento en el que usted toma este gobierno sí es una carrera de Fórmula 1, es un sprint, porque se necesitan cambios, se necesitan cambios rápido, se necesitan cambios ahora y se necesitan cambios reales.

Apelo a su sentido de patriotismo, porque el presidente no puede ser fiel a más de una cosa. El presidente tiene que tener vocación de servicio, y no confundamos la vocación de servicio con la militancia política. La vocación de servicio es poder postergar las necesidades personales, anteponiendo las necesidades del pueblo, las necesidades de otros. Todos somos conscientes de que detrás de cada cabeza hay una familia, pero hoy, presidente, no está solo su familia: están más de 6 millones de paraguayos, de los cuales más de 3 millones fueron olvidados por el gobierno anterior, que se benefició, que se enriqueció a costa de pisotear sus sueños, sus esperanzas, sus ahorros y el trabajo de toda una vida.

Usted no fue el mariscal de la derrota. Puede que no haya querido tomar el país en las condiciones en las que lo está tomando, pero cuando asumió la vicepresidencia tenía que saber que en las bases y condiciones esto estaba presupuestado. El 4 de noviembre, el pedido de juicio político que presentaron 35 diputados no llevaba solo el nombre de Peña: llevaba también el suyo. Hoy ya no basta con decir “yo no sabía”. Hoy ya no basta con decir “a mí no me dijeron”. Hoy ya no basta con decir “a mí me dijeron”. Hoy carga con la responsabilidad de velar por el arreglo efectivo, eficiente y eficaz de esta tragedia en la que estamos sumidos.

V. El legado

Si un cargo político, y más aún el de presidente, lo expone a muchos vicios estructurales, entre ellos la codicia, espero que la fe que dijo profesar en Dios le haga abrir los ojos y ver el camino, para que con fortaleza sepa decir que no a las situaciones que se le van a presentar, y que pueda decir que sí a los cambios tan anhelados que necesita este país.

Como le decía al comienzo, la patria ya se lo demandó a su anterior compañero, y la patria no va a titubear en hacerlo con usted. El daño que hizo esta persona no fue solamente inmolarse y quemarse a sí mismo, a un nivel social donde ni siquiera puede caminar libremente por nuestras calles. Independientemente de la situación judicial, el escarnio, el odio y el rechazo público que sienten las personas hacia él no lo van a dejar vivir en paz. ¿Qué tanto es el daño?, me preguntarán. El daño es tanto que ni su familia ni sus hijos van a poder sobrevivir un día en Paraguay.

Ahora pregúntese, señor presidente: ¿este es el legado que quiere dejarles a sus hijos, a su familia? Los apellidos de los traidores de la patria nunca serán olvidados. No ponga su nombre en esa lista.

Una mujer discute con un policía durante la protesta
Una mujer discute con un policía durante la protesta del 4 de noviembre. Foto: EFE / Juan Pablo Pino.

VI. A los paraguayos de bien

Y a los paraguayos de bien que no solo colmaron las plazas, a los paraguayos de bien que vieron incluso desde el extranjero lo que pasaba y se dieron cuenta de que el horno no está para bollos, les pido una cosa: no se olviden de esta situación. No perdonemos fácil esta situación. Exijamos con coraje a las instituciones.

Dejemos de lado el discurso político y volvámonos institucionalistas: personas que dejan el fanatismo de lado y que, de manera objetiva y criteriosa, toman decisiones. No nos dejemos llevar por la pasión y por el fanatismo. No nos dejemos llevar por la apatía, por el “así nomás luego es”, ni por la memoria de corto plazo: dos grandes vicios que se encargaron de que continuamente estemos repitiendo errores.

Y ojo: este no es un discurso político, este no es un discurso partidario. Estas son única y exclusivamente las reflexiones de una persona que quiere ver al Paraguay resurgir de entre las cenizas, con el trabajo honesto que nos caracteriza y con el sueño patriota que llevamos como bandera.

Yo no les voy a decir por quién votar, pero sí les voy a decir que lo hagan de forma consciente, de forma pensante y de forma responsable. Dicen que del dicho al hecho hay un largo trecho; yo redoblo la apuesta y digo que del dicho al cuarto oscuro hay un largo camino, que solamente se puede transitar con memoria, con criterio y con responsabilidad.

VII. Cierre

Señor presidente, tomo estos últimos renglones para hacer un énfasis final en lo que a lo largo de este escrito le he venido manifestando: la tarea es difícil, y esperamos que la honre con responsabilidad y con justicia. De lo contrario, ya sabe que la patria se lo demandará, como ayer se encargó de demostrárselo al anterior presidente. Y tenga por seguro que va a tener que arreglar sus cuentas con Él también, tarde o temprano.

Que Dios y la patria se lo demanden.

Maxi Riva · Fuera del Tupper